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MENONITAS

La siguiente información fue obtenida del libro "LAS COLONIAS MENONITAS EN BOLIVIA - Antecedentes, asentamientos y propuestas para un dialogo: escrito por el Profesor Adalberto J. Koop.

La migración menonita hacia diferentes regiones del mundo tiene su origen en la persecución sistemática que sufrieron desde el mismo año de su fundación, en 1525, por motivos religiosos y políticos.

Las iglesias oficialistas, respaldadas por sus respectivos gobiernos y por decretos de excepción, desataron una ola de persecución contra estas corrientes que plantearon un cambio de estructuras, en particular la emancipación de la religión de los poderes del Estado. Algunos de los movimientos radicales manifestaron su oposición al sistema imperante por un riguroso pacifismo y por el postulado del bautizo de adultos como fundamento de la vida en la fe verdadera. Las persecuciones eran de tal intensidad que algunos historiadores no dudan en calificar la situación como un verdadero ekklesiocidio (Hover 2010), paralelo al etnocidio en las colonias.

La persecución comenzó, en enero de 1525, el mismo día en que los líderes del movimiento se hicieron bautizar en público. A instancias de Ulrico Zwingli, máximo exponente de la Reforma en Suiza, los Concejos de las ciudades de Zúrich y Berna dictaron severos decretos de persecución, destierro y muerte contra los seguidores del movimiento. En pocos meses cayeron casi todos los líderes víctimas de crueles torturas, ejecuciones públicas en la hoguera o asfixia en los ríos. Los nombres de los fundadores suizos asesinados, como Konrad Grebel, Félix Manz o Jörg Blaurock, encabezan los registros de mártires venerados por los menonitas colonos en Bolivia que son de ascendencia alemana holandesa.

Los “7 Artículos de Schleitheim”, cuya autoría es atribuida al joven predicador Michael Sattler, representan el primer credo del movimiento que, si bien evolucionó con el tiempo, constituye en esencia la “Carta Magna” de los menonitas de hoy. En resumen, expresan:

1. Bautizo de adultos conscientes – desconocimiento del bautizo de niños por no tener respaldo bíblico y ser instrumento de opresión de la iglesia romana.
2. Disciplina interna de las comunidades eclesiales – expulsión en caso de violación reiterada y comprobada de los reglamentos.
3. Partición del pan (Última Cena), como símbolo de unión de la comunidad que debe construirse periódicamente. (En ello se inspiran las comunidades menonitas rurales).
4. Vida apartada del ‘mundo’ y de todos los que ‘no están en Cristo’ – no-participación en asuntos políticos y separación estricta entre Iglesia y Estado.
5. Libre elección del pastor/ministro en cada comunidad – no hay jerarquía eclesiástica sino sacerdocio de todos.
6. No-violencia, incluso rechazo de autodefensa en caso de agresión – no al servicio militar.
7. Prohibición del juramento ante cualquier autoridad religiosa o política- lo que implica negación de participación civil en obras públicas (Leu 2004).

Actualidad de la iglesia menonita a nivel mundial

En 2009 la Conferencia Mundial Menonita contabilizó la cantidad de 1.6 millones de afiliados a la iglesia menonita, distribuidos en 80 países. Se trata entonces de una iglesia pequeña en comparación con su pariente más cercana que es la iglesia baptista con 44 millones de afiliados.
De la población total registrada por la Conferencia Mundial Menonita, en 2009, más del 50 por ciento son los nativos de África y Asia (37 por ciento Kenia y Tanzania; 16 por ciento Indonesia e India). El segundo lugar lo ocupan Estados Unidos y Canadá con el 32 por ciento, dividido por partes aproximadamente iguales entre menonitas “modernos” integrados a la sociedad, y agricultores tradicionales. Los países de origen, Suiza, Holanda y Alemania, reúnen apenas el 4 por ciento del total de la población menonita.
A efectos del presente estudio, que se centra en las colonias menonitas de Bolivia, se debe considerar que, del total de menonitas a nivel mundial, la población de colonos en América Latina representa poco más del 10 por ciento, o en cifras absolutas, entre 160.000 y 200.000 habitantes, 50.000 de ellos en Bolivia (ver cuadro 1 al final de este capítulo).

En 1788 lograron que se firme un convenio que garantizaba a los colonos menonitas el status o “privilegios” que exigían: colonias separadas de la población rusa; exención del servicio militar; ejercicio del culto y educación religiosa; uso del idioma propio; vida social y administración propias. En tiempos futuros, los colonos menonitas condicionarían su estadía en un país a la firma de un convenio de este tipo.
El gobierno de la Revolución, en una decisión pragmática, autorizó la emigración de 20.000 menonitas que se dirigieron directamente a Canadá. Puesto que los menonitas rusos pertenecían a la corriente “progresista”, su relación con las comunidades de los Altkolonier no estuvo libre de tensiones que motivaron a muchos “conservadores” a dirigirse a México o Paraguay.
Los colonos rusos refugiados en la década de 1920, con apoyo del CCM y otras entidades solidarias, tomaron distintos caminos para establecerse en los cuatro países que ofrecían mejores condiciones para dar continuidad a la vida en colonia: los tradicionales Estados Unidos y Canadá, y los recientes México y Paraguay.
1921. Se funda en Estados Unidos el Comité Central Menonita (CCM) con el objetivo de socorrer a los menonitas perseguidos en la URSS.

México

1922. Después de la Revolución mexicana (1910-1920), el presidente Álvaro Obregón extiende una invitación formal a los menonitas canadienses dispuestos a abandonar ese país, otorgándoles los “privilegios” que exigen. Ese año llega un grupo de 3.000 menonitas al Estado de Chihuahua que fundan las colonias de Manitoba y Swift Current, con un total de 60 campos. Adquieren las tierras en concesión a través de tres compañías que siguen siendo propietarias hasta la actualidad. La cantidad de menonitas en México ha ido aumentando sostenidamente hasta llegar a unos 100.000 colonos, 90.000 de ellos en Chihuahua.
Situación actual. Los colonos de México ostentan una avanzada inserción social y están integrados a la educación pública. Es en México donde adoptaron su vestimenta típica de overoles y sombreros vaqueros. Desde hace décadas enfrentan problemas de agotamiento de suelos, sobrepoblación y conflictos internos en torno a la adopción o rechazo de instrumentos de transporte y comunicación. Por ejemplo, la masiva inmigración a Bolivia en 1967/68 se originó en tales disputas.
Paraguay

1927. El gobierno de Paraguay tramita la fundación de colonias menonitas en el Chaco (ganando la competencia con el gobierno boliviano). Llegan los primeros contingentes de Canadá y México que fundan la colonia Menno en el municipio chaqueño de Filadelfia. 1930. Un segundo grupo, de refugiados de Rusia, funda la colonia Fernheim en la misma región.
1932-35. Guerra del Chaco. Las jóvenes colonias prestan apoyo logístico importante al ejército de Paraguay. Con las retribuciones del gobierno, su economía registra significativos avances.
1945. Llegada numerosa de menonitas al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

Situación actual. La población de colonos menonitas se estima en 30.000, distribuida en 19 colonias del Chaco y del este del país. Las colonias están organizadas en cooperativas de gran poder económico que manejan la segunda empresa lechera del país. Los colonos del Chaco han desarrollado una peculiar forma de “integración” al Estado: alentados por las políticas públicas, han llegado a ocupar los gobiernos municipales de la región construyendo una suerte de “Estado dentro del Estado” que se rige por sus propias normas, incluso el idioma.
Las relaciones con las poblaciones nativas son problemáticas: si bien las colonias les ofrecen fuentes de trabajo, las mantienen en un estado marginal que algunos analistas no dudan en comparar con el ‘apartheid’.

En el siglo XVIII, a lo largo de su migración y consolidación, las colonias en Rusia llegaron a perfeccionar el contenido y la estrategia para lograr la aprobación de convenios que garantizaban, por parte del gobierno anfitrión, el respeto a los “privilegios” que son como ya se mencionó: la exención del servicio militar para los jóvenes, el derecho a sostener sus propias escuelas, cultivar su propio idioma (en este caso el Ploutdietsch o bajo alemán), tener sus propias iglesias y otras exigencias conexas como el “no jurar”, lo que significa estar dispensados de emitir voto en las elecciones o de cumplir otras obligaciones ciudadanas. Sobre estos fundamentos los menonitas, como parte de los preparativos para establecer colonias en un nuevo país, exploraron la predisposición del gobierno potencialmente anfitrión a garantizarles las condiciones básicas para aceptar o no la invitación.
Con el tiempo, y de manera no del todo correcta, estas garantías recibieron el nombre polémico de “privilegios”. En este sentido los gobiernos interesados en el establecimiento de colonias menonitas, como Canadá, México, Paraguay, y por último Bolivia, previamente a la inmigración menonita, firmaron los convenios correspondientes con las delegaciones negociadoras.

Cabe destacar que otros gobiernos, como los de Argentina, Brasil o Uruguay, no estaban dispuestos a firmar este tipo de convenios, y por tanto los menonitas no pudieron fundar formalmente sus colonias a pesar de registrarse, a lo largo de la historia hasta hoy, una cantidad importante de migraciones menonitas a esos países. A diferencia con Paraguay o Bolivia, entre los inmigrantes a los países mencionados hubo tradicionalmente suficientes agricultores capaces de llevar adelante la producción agrícola, de forma que no tenían necesidad de firmar convenios de excepción como lo exigían los menonitas.

Entablaron contacto con estos grupos entrando en una carrera de competencia por atraerlos. Ambos gobiernos tenían el mismo propósito político: poblar el Chaco y desarrollarlo para la agricultura y ganadería con el fin de sentar soberanía en esta región en disputa. Por disponer de mejores contactos diplomáticos, Paraguay salió victorioso de la competencia: en 1927, un grupo de menonitas procedentes de Canadá fundaron la colonia Menno, en el municipio de Filadelfia, en pleno Chaco boreal.

En adición, el grupo de los refugiados procedentes de Rusia había llegado vía China al puerto francés de Le Havre. En un relato anecdótico, el cónsul boliviano trató de interceptar a los menonitas rusos que estaban a punto de embarcarse hacia el Chaco argumentando que las tierras ofrecidas se encontrarían en territorio boliviano (Streich 2010). En respuesta, los menonitas, preventivamente, adquirieron visas para ambos países. Con el apoyo del Comité Central Menonita lograron hacer la travesía al Chaco fundando la colonia Fernheim, en 1930 (Schartner & Dürksen 2009).

Cabe agregar que, durante la Guerra del Chaco (1932-1935), las jóvenes colonias, más cercanas a las tropas paraguayas que a las bolivianas, jugaron un importante papel de apoyo al ejército paraguayo a través de la apertura de caminos, provisiones de transporte, alimentos y agua. El ejército paraguayo les compensó estos servicios con buenos pagos que significaron para las colonias pobres y distantes de los centros de consumo los primeros ingresos que les permitieron salir de sus dificultades iniciales y consolidarse.

BOLIVIA

Con respecto a Bolivia, recién 30 años después, en el marco de la implementación de la Reforma Agraria, el gobierno de la Revolución Nacional retomó la política de atraer inversionistas extranjeros reanudando los contactos con los menonitas paraguayos interesados en fundar colonias en territorio boliviano. En 1954 llegó una avanzada de 10 familias con las cuales el gobierno negoció el convenio de garantías plasmado en el Decreto Supremo 4192, de octubre de 1955.

Este Decreto concede a los menonitas los “privilegios” sin restricciones, en dos áreas: libertad en el ejercicio de su religión y exención del servicio militar. En cambio, en el área educativa, si bien admite un propio sistema escolar, exige “obligatoriamente” la intervención de profesores nacionales para la enseñanza cívica, geografía, historia y el castellano. Se puede suponer que esta condición (¡que luego no fue cumplida!) se inspiraba en la ideología nacionalista y en la preocupación razonable por una futura integración menonita a la sociedad. Finalmente, a fin de estimular las inversiones en actividades productivas, este primer Decreto ofrece facilidades de acceso a créditos públicos.

La respuesta a la invitación y al Decreto de 1955 quedó muy por debajo de las expectativas del gobierno boliviano puesto que solamente 100 familias pobres llegaron para fundar cuatro colonias pequeñas en tierras compradas en las cercanías de Cotoca. política de colonización apoyada por la cooperación internacional, trató de incentivar la inmigración menonita con la promulgación de un segundo Decreto, el Decreto Supremo 06030, en marzo de 1962. El mismo ratifica los “privilegios” e incluso los amplía por cuanto, en el área de educación, suprime la obligatoriedad de enseñanza de determinadas materias a cargo de maestros bolivianos, sugiriendo que: “podrán dotar (a sus escuelas) de profesores para el aprendizaje en castellano”. Sin embargo, el verdadero objetivo del Decreto era incentivar el arribo de inversionistas extranjeros, entre ellos menonitas y japoneses, ofreciéndoles facilidades migratorias y la libre importación de maquinaria, insumos agrícolas e incluso artículos domésticos. Es preciso destacar que estas facilidades se limitan “para el período de su instalación y organización en el país”.

Cinco años después, en 1967/68, se da la primera inmigración de importancia con la fundación de cuatro colonias mayores, organizadas desde México para solucionar los problemas de sobrepoblación y las disputas respecto al uso de instrumentos “modernos” en las colonias menonitas de aquel país. Es poco probable que el DS 06030 haya influido en estas fundaciones, puesto que lo importante para los menonitas era que se mantenga la garantía de los “privilegios” ya establecida en 1955.

1954-1965: Modestos inicios en Cotoca Hasta mediados de los años sesenta solo unas 100 familias pobres procedentes de Paraguay fundaron cuatro colonias en las cercanías de Cotoca. Hoy en día estas colonias están disueltas
1967/68: Primeras fundaciones importantes en Las Brechas En ese contexto favorable se dio la primera inmigración menonita de importancia: en los años 1967/68 menonitas mexicanos fundaron cuatro colonias: Riva Palacios, Swift Current, Sommerfeld y Santa Rita, ubicadas en las llamadas “Brechas” a pocos kilómetros al sur de la ciudad de Santa Cruz. En sus inicios sumaron una población de 10.000 habitantes que adquirieron tierras de ganaderos y pequeños propietarios o poseedores locales en una extensión de 70.000 hectáreas. Fue una migración planificada y de largo aliento que implicaba la importación de maquinaria pesada y de tecnologías pertinentes.

Los inmigrantes pertenecían a la corriente de los Altkolonier conservadores que, típicamente, se habían separado de los demás colonos por disputas en torno a innovaciones como la luz eléctrica, el uso de maquinaria con llantas de goma y la adopción de la currícula de educación pública. Pero los móviles reales de la migración fueron la sobrepoblación, el agotamiento de las tierras y los incipientes conflictos con el crimen organizado de México. Las cuatro colonias de Las Brechas pueden ser consideradas como las “colonias madre”, organizadas acorde al modelo “ruso”, de las cuales partirían a futuro numerosas nuevas fundaciones en el país.

1975-1985: Expansión al Norte Integrado y a la Chiquitanía Con anterioridad al gran auge de la soya (1990 ss), los menonitas se convirtieron en pioneros de este cultivo aprovechando las experiencias en tecnología de sus países de origen, México, Paraguay y en menor grado Canadá. En esa etapa ocuparon el primer lugar en el rubro de la soya, delante de productores nacionales y brasileros. Por otra parte, existe consenso entre los analistas de que los colonos, tanto menonitas como japoneses, no habían superado ciertos niveles de pobreza hasta el año 1985 cuando, con la promulgación del DS 21060, se impuso el modelo neoliberal en materia de política económica en general, y en particular, el modelo agroindustrial comercial exportador de commodities. Hasta ese año la presencia menonita era aún modesta con una docena de colonias y una población que apenas superaba los 20.000 habitantes.

1986-2007: El impacto del Proyecto Tierras Bajas del Este Fue la implementación del Proyecto de Tierras Bajas del Este, el Low Lands Project, financiado por el Banco Mundial a principios de la década de 1990, la que produjo un salto tanto cuantitativo como cualitativo. No sólo condujo a una significativa ampliación de la frontera agrícola a manos de empresarios nacionales y extranjeros, sino también un verdadero boom expansionista de nuevas colonias menonitas. Más del 90 por ciento de las colonias menonitas, de superficies y población se concentra en el departamento de Santa Cruz, y dentro del departamento, en los 6 municipios de las tres regiones de mayor dinámica expansiva de la frontera agrícola: los municipios de Pailón y San José de la Chiquitanía; San Julián y Cuatro Cañadas del Norte Integrado; y Cabezas y Charagua del Chaco.

El promedio de superficie por colonia se sitúa entre 10.000 y 12.000 hectáreas, con asignaciones familiares de 50 a 60 hectáreas. Se ha podido observar, dentro de una misma colonia, que algunas familias se dedican a una agricultura y ganadería diversificada y de producción de alimentos, otras se concentran en la mono producción comercial, y otras en la crianza de ganado con industrialización y comercialización lechera. Por otra parte, hay colonias enteras que practican el monocultivo de la soya en forma exclusiva; hay indicios de que estas comunidades se formaron al calor del auge de la soya por inmigrantes provenientes del Paraguay. En cuanto a la tecnología también llaman la atención las factorías o talleres de maquinaria moderna existentes en unas pocas colonias en las que algunas personas o grupos se han especializado, adaptando maquinaria usada, importada de Canadá o México, o confeccionando artefactos nuevos.

Hay personas que ganan su sustento alquilando maquinaria al interior de la colonia o a propietarios colindantes. Ejemplos llamativos son los equipos de perforación de pozos confeccionados en las factorías de ciertas colonias y cuyos dueños cobran tasas fijas por metro de acuerdo a la profundidad en que se encuentra la veta de agua. Hay que tomar en cuenta que la adopción de tecnologías agroindustriales depende no sólo de una preferencia personal sino de la capacidad financiera de las familias individuales puesto que requieren de altas inversiones de capital. Al interior de las comunidades menonitas ocurren procesos de diferenciación económica y social igual que en todas las sociedades, donde los “afortunados” acceden a las tecnologías de punta, e incluso forman sus propias asociaciones al margen de la colonia, mientras los “pobres” practican una agricultura poco mecanizada o incluso venden su mano de obra sea dentro o fuera de la comunidad.

Los colonos menonitas en Bolivia, en su gran mayoría, son descendientes de los grupos que abandonaron Rusia, en la década de 1870, a raíz de la suspensión de los “privilegios” por el gobierno zarista y que se instalaron en Canadá por invitación de aquel gobierno. A causa de la suspensión de los “privilegios” por el gobierno canadiense durante la Primera Guerra Mundial comenzó un nuevo movimiento migratorio, alentado además por los conflictos con los nuevos inmigrantes desde la Rusia soviética que trajeron costumbres y tecnologías modernas con las cuales muchos de los colonos establecidos en Canadá no estaban de acuerdo. Fue entonces la corriente más conservadora de los llamados Altkolonier la que, a partir de la década de 1920, formó las nuevas colonias en México y Paraguay y a partir de la década de 1950 en Bolivia.

Merece mención que los colonos conservadores no forman un grupo homogéneo, sino están compuestos por una diversidad de subgrupos con sus respectivas denominaciones. El estudio del Comité Central Menonita identifica en Bolivia a cuatro de ellos, siendo el grupo mayoritario (85 por ciento) el de los Altkolonier propiamente dichos. Les siguen los Sommerfelder con cerca del 10 por ciento, los Reinländer con cerca del 4 por ciento, finalmente el grupo antiguo pero muy minoritario de los Bergthaler con el 1 por ciento. La principal diferencia entre ellos reside en el grado de rechazo o aceptación de tecnologías de producción y comunicación, siendo los Sommerfelder los más abiertos (Schartner & Dürksen 2009). A pesar de las diferencias, que apenas son perceptibles para el observador foráneo, pero que revisten gran importancia para los propios colonos, es posible señalar algunos rasgos comunes en la realidad de las colonias, bajo tres aspectos: el orden social-religioso interno; las relaciones con el contorno; así como algunos puntos conflictivos.